Bethancourt ha salido de su secuestro bella y feliz. La única imagen que durante meses hemos tenido de ella ha sido la de una mujer acabada, delgada, ida, triste, sentada en una silla en medio del terror. Está asombrando su liberación por muchos motivos -cómo se la ha liberado, el milagro de la Virgen de ayudarla y sacarla de allí, su política-, pero sobre todo por su rostro cambiado: bello, pacífico, todavía débil y sostenida por los suyos. La libertad y la paz hacen al hombre más bello.
Muchas caras serias de nuestro políticos necesitan un poco de convivencia con sus oponentes, un poco de serenidad, de paz entre partidos, de colaboración, de humildad y de piedad.
(Foto: Behancourt en Lourdes)
