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Lobby gay

In Politics on mayo 25, 2008 at 8:49 pm

    

   By A. Pérez Ledesma

    Los periodistas y sus “seguidores” adjetivan o sustantivan -más peligroso-  personajes, acontecimientos, instituciones encerrando toda su esencia en una palabra. Es poderoso este fenómeno, y no hay nada mejor que un buen nombre o un gran adjetivo, así como no hay nada peor que una etiqueta. Por ejemplo, a la pobre Edad Media le tocado ser la “oscura Edad Media” (un adjetivo).  Margaret Tatcher fue “la Dama de Hierro”.  San Gregorio fue el “Magno”. Aquiles tuvo suerte con Homero, que le llamó “Aquiles, el de los pies ligeros”.  Un ejemplo de sustantivación que funciona es la de los gay, a los que enseguida se les sitúa en “el lobby gay” (aunque hablemos de un judoka de Albacete). El “cineasta” es un “cineasta comprometido”, y el juez es “un juez estrella”. Otros ejemplos curiosos en España son “el monstruo de Austria” (al que no se le llama así en la prensa extranjera), “la derecha trasnochada”,  “rabiosa izquierda”, “Air-lo que sea (ciudad o cosa)” (Air-Coruña, Pyren-air…). Tiene su aquél el arte de apostillar o la aposición. Sería conveniente que todo político tuviera uno para marcar su perfil y no perder el tiempo con entrevistas. No es tarea fácil. Adelanto algo a modo de borrador de trabajo: Rajoy, el Crispado; Zapatero, el Soñador;  Aznar el Duro; Touriño, el Cero a la Izquierda; Solbes, el Amo; Ibarretxe Blade Ranner; Raúl el Crack; Berlusconi el Soberbio; Sarkozy el Protagonista. Así podríamos seguir. Sería útil y rápido, como lo sería con números gratuitos del móvil: “Raúl: 010; Touriño: 000; Feijoo: 001;  Sarkozy: 007; Zapatero: ***; Bill Gates: @; De la Vega: 123”. Y más.

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