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Niño de 28 semanas operado en el útero

In Medicine on octubre 4, 2008 at 2:52 pm
By A. Pérez Ledesma             Source www.lavozdegalicia.es

“El miércoles cumplirá dos meses, pero hace cerca de cuatro que fue intervenido. Del corazón. Sucedió por primera vez en Galicia en el Hospital Teresa Herrera de A Coruña, a donde la madre de este bebé gallego que «lleva una vida normal», dijeron ayer los médicos, fue remitida a las 22 semanas de gestación por sospecha de una malformación congénita.

El equipo del cardiólogo Fernando Rueda confirmó que su bebé sufría una estenosis valvular aórtica de grado severo e insuficiencia mitral, es decir, un estrechamiento que impedía el flujo sanguíneo normal en el corazón. La circulación placentaria y la ausencia de respiración pulmonar explican que cardiopatías como esta puedan ser toleradas por el feto, aunque suelen precisar tratamiento inmediato al nacer. De hecho, en el centro coruñés ya han realizado varias intervenciones en recién nacidos, ya que cada año en Galicia nacen uno o dos niños con malformaciones similares.

Sin embargo, en el control del embarazo, realizado con el coordinador de Obstetricia, Miguel Álvarez, se detectó un empeoramiento a las 28 semanas. Cabían entonces tres opciones: no hacer nada, asumiendo que el bebé podría morir en el útero; extraer al niño y operarlo fuera, pero era demasiado prematuro; o intervenirlo en la barriga de su madre. «La familia -valoró Rueda- fue muy generosa en sus decisiones».

Era junio y un equipo de diez médicos (neonatólogos, anestesistas, cardiólogos, obstetras…) con el personal de enfermería y auxiliar realizaron un procedimiento de precisión que en España solo ha documentado el 12 de Octubre y del que en el mundo apenas se cuenta con un centenar de casos, 60 de ellos en dos centros (Toronto y Boston)

Fue necesaria hora y media, previa sedación de la madre, para poder colocar el feto en posición óptima. Y otras dos para acceder, a través de la pared abdominal de la mujer, hasta el útero, atravesar el pequeño tórax del feto y llegar a su diminuto corazón. Mirando al ecógrafo, introdujeron el catéter hasta el ventrículo izquierdo de un corazón que, entonces, medía centímetro y medio, y llegaron a la válvula, de dos milímetros. Allí, con el rápido latido fetal, situaron lo que denominan balón y lo inflaron para hacer que la válvula, hasta entonces rígida, se abriese. «Estas intervenciones hay que programarlas muy muy bien, hay que hacerlo en el punto exacto porque realmente es -describió gráficamente Rueda- como pinchar una aceituna». La madre no sufrió ningún problema y el feto tuvo un pequeño derrame del que se recuperó sin problemas.

El embarazo siguió bien hasta la semana 37 y nació por cesárea un niño de 3,6 kilos «y sin ninguna cicatriz en el pecho -dijo sorprendido- gracias al líquido amniótico». A las 24 horas se le practicó otra valvuloplastia para colocarle un balón «un poco más grande», aunque todavía milimétrico. La madre fue dada de alta a los seis días, y el pequeño, a los 20. «Lleva una vida normal, pero no está curado, necesitará más intervenciones a lo largo de su vida», advirtió”.

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